dijous, 8 de setembre del 2011

22-9-2011: Crimen en el barrio del Once, de Ernesto Mallo





    L'autor
    Escribe Ernesto Mallo sobre sí mismo:
    Nací demasiado joven y sin la debida preparación para enfrentar a este mundo. A la edad de 6 años me vi forzado a abandonar mi educación para asistir a la escuela. Esa experiencia me enseñó las virtudes de la ‘autodidactia’, la vida me enseñó sus pesares. No pertenezco a ninguna asociación, partido político, confesión religiosa, club o trenza ya que, como Groucho, jamás aceptaría pertenecer a un club que me admita a mí como socio. A los 20 pensé que era mi deber cambiar el mundo. Lo cambié, es éste, disculpe.
    Destruí varios matrimonios que me dejaron la módica suma de 6 hijos que, con todo y a pesar de todo, siguen siendo mi obra más acabada. La vocación por la literatura se me despertó muy temprano, provocándome desde entonces dificultades para dormir. En realidad esta actividad, que algún psicoanalista diagnosticó como una necesidad compulsiva de llenar hojas con la intención de que no queden más papeles en blanco, es el más eficaz salvavidas que he podido conseguir.
    A una edad que debería ser respetable me queda la improbable gloria de haber sobrevivido a mis padres, a la sinrazón del mundo, a las sustancias prohibidas, a mi propia estupidez, a los gobiernos militares, a los gobiernos civiles y, hasta el momento, a la globalización, aunque no sé cuánto pueda llegar a aguantarla. Maestros tuve: Elsa Osorio, G.B. Shaw, el Gabo, que aunque no lo sepa me debe parte del éxito de "100 años..", Vicente Ninno, Cortázar, Italo Calvino (sobre todo Italo Calvino), Monterroso, Groucho Marx, Poe por supuesto, Hawthorne y Chaplin entre muchos otros que no nombro por pereza. Ya que estamos: la pereza es mi peor debilidad pero la compenso careciendo de envidia.
    La dicha y la desgracia han llamado a mi puerta con igual insistencia, de la primera aprendí lo efímero que es todo, de la segunda que no he aprendido a vivir sin amor. 
La novel·la


Texto: JUAN PUCHADES.


Esta novela, pese a que ganó en 2007 el Premio Memorial Silverio Cañada de la clásica Semana Negra de Gijón, no ha llegado a España hasta ahora, aunque, eso sí, con el título cambiado con respecto a la edición original argentina: “La aguja en el pajar” ha dado lugar a este “Crimen en el Barrio del Once” que, imaginamos, habrá parecido más evocador para el lector español; aunque el barrio judío porteño no suele entrar en el radar de los circuitos turísticos.
La novela presenta a Lascano, conocido como el “Perro”, un comisario de policía en la argentina de 1979, en plena dictadura militar, con el ejército campando a sus anchas mientras lleva adelante su particular campaña de “limpieza” de la disidencia por el método del asesinato y la consiguiente desaparición, aquellos tiempos en los que los Ford Falcón eran el anuncio del terror inminente. Lascano, marcado por la muerte de su mujer, trata de salir a flote como puede, aferrado a su trabajo, intentando hacerlo lo mejor posible, porque, qué duda cabe, pese al país y las circunstancias, es un policía honesto (con los héroes deshonestos solo se atrevía Highsmith). La aparición de tres cadáveres abandonados junto al Riachuelo, dos de ellos jóvenes y desfigurados, el tercero correspondiente a un hombre mayor y muerto de distinta manera que los otros, es el punto de partida de una narración en la que Ernesto Mallo (La Plata, 1948) recrea los ambientes de la época tan al detalle que hasta los agujeros del pavimento se hacen presentes, nos lleva por un Buenos Aires en el que la alta sociedad vive en su mundo paralelo, consciente de lo que sucede en las calles pero en la confianza de que esa batalla no va con ellos y que son inmunes a las leyes que rigen para los demás. El autor también introduce elementos hoy tan reconocibles como el robo de niños y personajes tan repugnantes e inquietantes como Giribaldi, que sirven para que nos hagamos una idea de lo aciago y sucio de aquellos días.
La narrativa seca, aunque levemente poética, de Mallo evoca la escritura sin concesiones de Jean-Patrick Manchette (aunque sin sus extremas escenas de sangre y violencia), el padre del “polar” francés, y asume con firmeza las claves del género negro incluso al incorporar sus buenas, y disfrutables (¡para qué engañarnos!), dosis de maniqueísmo. La innecesaria estructura de los diálogos es lo más chocante de una excelente novela que atrapa y obliga a no abandonarla ni un instante hasta no alcanzar el final.
En Argentina se ha publicado la segunda entrega de la serie protagonizada por Lascano, “Delicuente argentino”, que esperemos no tarde demasiado en llegar a nuestras librerías, pues apetece reencontrarse con este comisario taciturno, con su amigo el forense Fuseli y con Eva, la chica embarazada que ya solo trata de sobrevivir.

Próximamente, más aventuras del comisario Lascano (En la edición española se titulará: "El policía descalzo de la plaza San Martín"):


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